EL AULA COMO ESCENARIO DE LO INTIMO- ANTROPOLOGIA

 

“Pertenecemos a ciertos dispositivos y obramos en ellos. La novedad de unos dispositivos respecto de los anteriores es lo que llamamos su actualidad, nuestra actualidad. Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo que somos sino que es más bien lo que vamos siendo, lo que llegamos a ser, es decir, lo otro, nuestra diferente evolución. En todo dispositivo hay que distinguir lo que somos (lo que ya no somos) y lo que estamos siendo: la parte de la historia y la parte de lo actual.”

                                                                                Gilles Deleuze

EL AULA COMO ESCENARIO DE LO ÍNTIMO

Tal vez un simple trazo en el pupitre como si fuera la expresión más pura, para cualquier maestro puede ser la falta de sentido de pertinencia o desobediencia, y para el estudiante puede implicar un regaño, un cuarto de hora pintando o lijando. Pero como huella antropológica que refleja el desarrollo del individuo, su cultura, sus hábitos, sus pensamientos más internos, es una realidad que acompaña lo cotidiano, y que tiene múltiples interpretaciones ideológicas. Pues este es el espacio para abrir las posibilidades de un fenómeno social y desmitificar los elementos considerados negativos, reflexionando el aula como un acceso a la realización y que los diferentes trazos son el reflejo de un bagaje cultural de experiencias vitales de sucesivas generaciones, es decir un fenómeno multidimensional. Pues cada concepción no es más que el reflejo de otros escenarios más relevantes, que crean un nuevo fenómeno y una nueva manifestación, la creación de un contexto enmarcado en diversos sentimientos, tanto individuales como colectivos, la manifestacion de algo que de forma explicita no es posible manifestar verbalmente. Huellas que algunos describen a la perfección, de su significado y hasta el momento del antes y después de la estampa; pero otros que solo se quedan reflexionando del por qué.

Lo importante de ir mas allá es ver una realidad superior a los sueños y a lo explicito, y ver que cada generación deja a su paso el intento de recordar una explicacion del maestro o la ausencia de algo que ya paso, tal vez algo para identificar un rol acrecentado en una comunidad y la relevancia de nuevas identidades sociales,  o tan solo unas simples líneas de algo que despues fue plasmado en una hoja  a la cual le otorgaron un cinco.

Por otro lado se amplia el concepto de generaciones para identificar en cada símbolo la diferencia de cada uno ( el color, la letra, los iconos, lo descascarillado) , que aunque se observe aislado es la linea del tiempo mas clara que refleja lo  cambiante del espacio, el tiempo y  la estructura social.

Al abordar el mundo escolar desde la antropología, se vuelve ineludible trabajar con el concepto de cultura, en alguna de sus múltiples acepciones. William Sewell, un historiador que utiliza la teoría antropológica, ofrece una síntesis útil de la discusión actual en torno a este concepto polisémico que se encuentra en constante curso de redefinición. Observa que actualmente es “ilusorio” concebir una pluralidad de culturas como entidades discretas, “lógicamente consistentes, altamente integradas, consensuales, resistentes al cambio y claramente delimitadas” (Sewell, 2005:171)1. Enfatiza, en cambio, el hecho de que las configuraciones culturales son más bien contradictorias internamente e incluyen elementos y significados que son objeto de disputa social. El análisis de la dimensión cultural, lejos de señalar sistemas cerrados, revela configuraciones que están “flojamente acopladas”, delimitadas por fronteras difusas y permeables. Estas configuraciones además “están sujetas a cambios constantes”, tienen historia (Sewell, 2005: 169-171).

En la tradición de la teoría histórico- cultural, el trabajo pedagógico implica el uso de “herramientas y signos”, acumulados de manera desigual en diferentes sectores, momentos y tiempos –que se objetivan, se apropian y se utilizan dentro de determinadas prácticas culturales–. En los contextos escolares, estas prácticas incluyen formas más o menos convencionales de actuar, hablar, trabajar, disciplinar, tratar a los niños, representar el conocimiento y mostrar el saber, que se reproducen a menudo más allá de las acciones planeadas o las intenciones conscientes del maestro. Las pautas de cambio y continuidad de las prácticas y los saberes escolares no se rigen del todo desde los dispositivos normativos puestos en marcha por las autoridades institucionales, puesto que en estas se identifican los sentimientos de los estudiantes y todo lo que estos pueden aportar a partir de una simple escritura en un puesto, en una frase tomar el aula como escenario de lo intimo.

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~ por manuela1121 en junio 8, 2010.

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